Barras de bar

Javi Chuecos.- Estamos en los tiempos de las nuevas tecnologías, donde a un sólo “click” podemos ver fútbol desde cualquier dispositivo móvil a un precio asequible, nos podemos abonar a las diferentes plataformas de pago para ver Liga, Copa, Champions y todo el fútbol internacional. Pero no siempre fue así, hubo un tiempo en que tan sólo televisaban un partido a la semana en abierto y otro codificado en el Canal Plus, a primeros de los 90, cuando era un auténtico lujo y muy pocos podían permitírselo.

Entonces la solución era bajar al bar a ver el partido, pero tampoco todos los bares tenían aparatos para poder ver el fútbol codificado. Recuerdo como si fuera ayer ver los trágicos finales de Liga del Real Madrid en Tenerife en la mítica y ya desaparecida Peña Bilbaína en el barrio de San José, acompañado de mi padre. Aquello era una ceremonia, un salón apartado de lo que era el bar en sí, donde tan sólo podían acceder los socios, sillones de piel, olor a puro y a café, aquello fue para mí como un rito iniciático en la religión del fútbol. Aquellas dos tardes lloré como una magdalena del disgusto por perder la Liga en el último partido y contra el mismo equipo mientras mi padre intentaba consolarme.

Mi pasión madridista venía de la Quinta del Buitre de finales de los 80, pero cuando de verdad empecé a ver fútbol con conciencia y conocimiento, me tocaron muchas más derrotas que victorias, y aquellas tardes de domingo en los bares viendo a mi equipo no hicieron más que aumentar mi pasión por este bendito deporte. Porque en el fondo, el amor a unos colores es siempre incondicional y se ama más en la derrota que en la  victoria.

En la barra de un bar, acompañado de amigos o a veces sólo, he vivido algunos de los mejores y peores momentos futbolísticos que recuerdo. Pero de todos ellos me quedo con uno en especial, la tanda de penaltis de la Eurocopa 2008 en los cuartos de final contra Italia y el gol de Cesc, por primera vez pasábamos la barrera psicológica de los cuartos de final, aquello fue una explosión de alegría desbordante.

Si tengo una canción favorita y que signifique mucho para mí, ésta es sin duda “Insurrección” de “El Último de la Fila”, la he cantado con mis amigos hasta quedarme afónico  en alguna que otra noche de fiesta y tiene unos versos que dicen “barras de bar, vertederos de amor, os enseñe mi trocito peor…” En un bar, viendo fútbol, todos alguna vez hemos perdido el control, gritado cosas que no debíamos o celebrado un gol de forma desmesurada, de la que luego quizá nos hemos arrepentido. Y el que esté libre de pecado, que tire la primera piedra.

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