El eslabón más débil

Los recientes acontecimientos relacionados con el dopaje nos hacen reflexionar sobre los motivos que llevan a un deportista de élite a tomar el atajo del dopaje. En el pasado Campeonato de España de Campo a Través, Mohammed Marhoum se proclamaba campeón de España por primera vez en categoría absoluta. Ya había sido campeón de España en otras categorías, o al menos, el primero en esas carreras, porque se ha demostrado que había falseado su fecha de nacimiento, pero esa es otra historia, o no. Este personaje, porque no se le puede llamar de otra forma, ha querido dar lástima desde que llegó a España pasando fardos a Ceuta desde un pueblo cercano, perteneciente a Marruecos. Después comenzó a competir con numerosos altibajos, cosa muy sospechosa. Hasta que esas sospechas se vieron cumplidas, y justo después del Campeonato de España y, seleccionado para el Campeonato del Mundo de campo a través, renuncia a éste por una sospechosa y repentina fiebre en “el mejor momento deportivo de su vida”. Días después aparece inscrito en el Campeonato Ibérico de 10.000 metros en Huelva, y también se cae de la lista un par de días antes. Ese día salta la liebre y los medios anuncian que ha dado positivo por EPO. A partir de ahí, lo típico. Todo el mundo lo sabía, era todo muy sospechoso, los altibajos y un sinfín de comentarios muy en la línea de como somos por aquí.

marhoum sentado

Pero para mí lo importante y peligroso no es que este personaje dé positivo, cosa que ya se sabía que iba a ocurrir tarde o temprano, sino cómo se tratan los positivos en España en función de quien seas y de donde seas. Si te nacionalizan y ganas una medalla eres el español “Juanito Muehlegg” (esquiador de fondo). En el momento en que da positivo pasa a ser “el alemán nacionalizado Johann Mühlegg”. O el caso de Alberto Contador. Que si un filete, que si campaña de ciertos medios de que hay una conspiración contra el deporte español, que si las envidias, etc. Amparados todos ellos por federaciones y gobiernos, que en un principio apoyan y utilizan todas las artimañas en beneficio propio, y después dejan sólo al “deportista” y, si te he visto no me acuerdo.

Otro caso sangrante son esos deportistas que dan positivo, cumplen su sanción de dos años (ahora son cuatro), y después vuelven a competir igual o mejor que antes, batiendo incluso algunos récords, supuestamente limpios. Si eres capaz de batir un récord de forma limpia, ¿por qué te dopabas antes? Esto me lleva a la conclusión de que el dopaje va mucho más allá de un efecto inmediato, o de “si lo han pillado una vez ya no lo van a pillar más”, o a lo mejor son las mismas federaciones las que les alientan a hacerlo, vaya usted a saber. Para mí tan culpable es el atleta, su entrenador (que debe saber lo que toma su pupilo), el médico (que le dice al atleta lo que debe tomar) y por supuesto, su federación, que no hace los controles pertinentes. Pero por encima de todo, el responsable máximo es el político de turno, que pretende hacerse la foto con el “medallista” al que normalmente apenas conoce, al que rara vez facilita su trabajo ni le da ayudas de ningún tipo y del que sólo pretende sacar un rédito político. Estos políticos no han preguntado a deportistas honestos si quieren hacerse una foto con un político que manche en un futuro la imagen del deportista. Porque, al fin y al cabo, tan responsable es el primer eslabón de la cadena como el último, porque éste valida las leyes para que el primero pueda hacer las trampas.

EPO_la_droga_maldita

Al final todo se reduce a lo mismo, el dinero. Nuestra sociedad se ha convertido en un espacio en el que cualquier medio es bueno para conseguir dinero, y éste (el deporte) no deja de ser un medio más para conseguirlo. El atajo para el deportista es fácil, y la pena cuando te cazan es mínima, además que no tienes que devolver nada de lo que has ganado. Por tanto, el mensaje que te llega es claro: sigue haciéndolo mientras no te cojan, y si te cogen, yo a ti no te conozco de nada.

Y eso en cuanto a deportes individuales. En deportes de equipo es mucho peor porque es el club el que hace que sus deportistas tomen cosas, pero eso daría para otro artículo y una reflexión mucho más larga. Al final la cadena siempre se rompe por el lado más débil, que, siendo culpable, no sólo paga por él mismo, sino por todos los eslabones que son cómplices, pero nunca pagarán por el delito.

Opinión de Antonio M. Díaz Rodríguez, atleta y colaborador de LorcaTodoDeporte.es

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