Peces de ciudad

Javi Chuecos.- Decía el maestro Sabina en su afamada canción “Peces de ciudad” que“al lugar donde fuiste feliz no debieras tratar de volver…”, y en parte es cierto, no es bueno regodearse en la melancolía ni en que todo tiempo pasado fue mejor, pero ante el solar futbolístico del presente que vivimos en Lorca, con dos equipos en Tercera División y con un futuro incierto, sólo nos queda acogernos a un pasado glorioso, que los más jóvenes aficionados no pudieron disfrutar en persona, así que haciéndonos eco de la petición de un joven lector, hoy hablaré de la etapa más gloriosa de la historia del fútbol lorquino.

            Si hace un par de semanas conté la vivencia del partido contra el Real Murcia, hoy me quiero extender un poco más un breve resumen de aquella época. ¿Cómo explicar en palabras qué sentía un lorquinista al ver a su equipo en lo más alto de la clasificación de Segunda División A, soñando con ascender a Primera?  Hay ciertos sentimientos que son inenarrables, que por muchas imágenes que veas y explicaciones que te den tus mayores jamás podrás comprender.

            Por edad, yo no pude disfrutar del glorioso Lorca Deportiva de Moreno Mazaneque de los 80, del ascenso a Segunda A en Antequera y del recibimiento al equipo o de la mítica eliminatoria de Copa ante la Real Sociedad de Arconada ante un campo de San José lleno hasta la bandera, sólo me llegaron los ecos de lo que mis hermanos mayores y mi padre me contaron y de niño pensaba que jamás se volvería a vivir algo parecido.

            Cuan equivocado estaba, quién podía pensar en 2005, que una temporada que tiraba a catastrófica, con el cese del Quique Yagüe por el mal rendimiento del equipo en media tabla baja, podría acabar con el mítico ascenso en Irún, con el gol de Juan Carlos Ramos a Otermín en el Stadium Gal, con una catarsis colectiva, con más de 15.000 lorquinos echados a las calles para recibir a sus héroes.

            El ascenso se tomó con euforia e ilusión, se mantuvo la base del equipo de Segunda B y se ficharon a jugadores desconocidos para la categoría como Gorka de Carlos, Maldonado, Fernando Vega o Marc Bertrán que dieron un rendimiento maravilloso. El único fichaje de campanillas fue la cesión de Facundo Sava, pero pese a ello, nadie podía imaginar que aquella temporada nos codearíamos con los grandes, que rozaríamos el ascenso con la punta de los dedos.

            Muchas veces me pregunto qué habría pasado si Sava hubiera acertado con el fatídico penalti en el campo del Levante, y estoy casi seguro que de haber ganado aquel partido hubiéramos ascendido. A partir de ese error, todo nos vino en contra, la extraña derrota en casa contra el Lleida de David Vidal, ya descendido. Creo que fue el golpe moral, el punto de inflexión que nos hizo caer de bruces con la dura realidad y que dijo adiós a nuestras esperanzas de jugar en Primera.

            Pero en el fondo, conseguimos algo más grande, que por una vez en la vida, toda Lorca estuviera unida e ilusionada por algo, que cada 15 días no hubiera nada más importe que ir a ver al Lorca, no ascendimos pero se sembró la semilla del lorquinismo. Esperemos que, cual Ave Fénix, ese sentimiento renazca de sus cenizas.

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